Tres días de tecnología, vida y futuro, Subflash 2026

Subflash es uno de esos eventos que es difícil de explicar solo por las charlas, y es que este lleva celebrándose ni más ni menos que desde el año 2003, recorriendo España y reuniendo a gente de la comunidad digital (y no tan digital 🤔), y lo que lo hace diferente es otra cosa: el tamaño, la forma en que se convive durante 48 horas y la manera tan humana en la que acabas hablando con todo el mundo.

Antes que nada, quiero mencionar a los grandes Paco e Iván que son quienes organizan actualmente y quienes retomaron el evento después del parón de la pandemia.

Este año se vuelve a Asturias, a Cuérigo, una aldea del concejo de Aller, en una antigua zona minera rodeada de montañas y naturaleza. Pero antes de llegar allí, toca volver al momento en el que Subflash arranca de verdad: el viaje.

Viernes: viaje y reencuentro

En mi caso, el fin de semana empezó mucho antes de llegar. Paco y Marc ya llevaban un par de horas cuando nos recogieron a Ramón y a mí, aún nos esperaban ocho horas en las que hubo tiempo para hablar de muchos temas, ponerse al día y escuchar mucha música. Una buena forma de empezar a compartir lo que esperábamos encontrar durante esos tres días.

Y así pusimos rumbo a Asturias.

Nuestro destino era Ca’l Xabú. Al llegar, nos encontramos con caras conocidas, saludos, abrazos y conversaciones que parecían retomarse justo donde se quedaron.

Después de dejar las maletas, cenamos todos juntos y llegó uno de esos momentos que definen Subflash: las presentaciones.

Cada persona dice de dónde viene, quién es y lo que le apetece compartir. Parece algo sencillo, pero hace que nadie quede fuera. Desde el principio sabes quién tienes delante y, sobre todo, tienes una excusa para empezar una conversación.

Al acabar las presentaciones personales, se proyectaron vídeos de asiduos que este año no pudieron venir, saludando al grupo desde la distancia y demostrando que en Subflash se sigue estando incluso cuando no puedes estar.

Después de la cena, la noche siguió entre charlas con gente que venía en tu coche, con personas que ya conocías y con otras a las que acababas de conocer. Al ser un evento pequeño, acabas hablando con todos. Este año éramos unas veinte personas entre asistentes y ponentes, y esto es lo que cambia completamente la experiencia, aquí los ponentes no vienen, dan su charla y desaparecen, son uno más dentro del grupo.

Sábado: tecnología, conversaciones y mucha mesa compartida

El sábado empezó desayunando todos juntos. Una cosa que intento hacer siempre es cambiarme de sitio en cada comida. Parece una tontería, pero así no acabas compartiendo mesa con las mismas personas todo el fin de semana. Hablas de otras cosas, conoces más historias y terminas conectando con gente con la que quizá no habrías coincidido de otra manera.

La primera charla fue «Senior… suélteme el brazo» de Diego, donde habló de algo que está muy presente en nuestro día a día: cómo la inteligencia artificial está transformando la industria digital a una velocidad enorme y cómo podemos adaptarnos para seguir siendo relevantes. No desde el alarmismo, sino desde una perspectiva práctica, preguntándonos dónde nos veíamos dentro de uno, cinco o diez años. El futuro no se diseña solo y era el momento de pensar qué estrategia teníamos para llegar hasta allí y empezar a actuar desde ya.

De la charla también me llevé una buena lista de libros. Good Strategy/Bad Strategy, de Richard Rumelt, para distinguir una estrategia real de una colección de frases bonitas. Range, de David Epstein, sobre el valor de tener una visión amplia y no limitarse a una sola especialidad. Mierdificación, de Cory Doctorow, sobre cómo se degradan las plataformas digitales. Y Thinking in Systems, de Donella H. Meadows, para entender mejor los sistemas y cómo intervenir en ellos. Algo más fuera de contexto, pero igualmente interesante, también recomendó Las leyes del Serengeti, de Sean B. Carroll, sobre las reglas que regulan la vida a diferentes escalas.

Para cerrar, Diego también nos dejó preparada una aplicación para ordenar cómo te presentas, cómo te cuidas y hacia dónde quieres ir dentro de uno, cinco y diez años. Una forma de plantear un Plan B ante los cambios que estamos viviendo en el trabajo.

Conversando con Diego (Arketipo para los amigos) descubrí que había ido dejando las redes sociales y, por eso, se me había pasado que publicó 101 cosas que siempre quisiste saber sobre diseño. Pude ojear el ejemplar de un compañero, me gustaron mucho las primeras páginas y aproveché para hacerme con uno y leerlo con calma. Mi único error fue no pedirle una dedicatoria. La próxima vez que te vea Diego, espero que antes de otro Subflash 😂, me llevaré el libro, que además es pequeñito, para que me lo firmes como toca.

Entonces llegó la sesión de Ana Cirujano sobre «Agent UX: cuando quien usa tu producto no es una persona». En esta, el debate cobró protagonismo, y eso hizo que resultara especialmente enriquecedora siguiendo la batuta de Ana. La pregunta era clara: ¿qué pasa cuando quien usa un producto ya no es una persona, sino un agente de inteligencia artificial que busca datos, navega, ejecuta tareas o toma decisiones?

Quizá vamos hacia webs agénticas, donde bastará con explicar qué queremos para que un agente se encargue del resto. O quizá no. Con la IA todo cambia demasiado rápido como para dar nada por seguro.

La conversación fue muy abierta y cada persona aportó su visión sobre hacia dónde puede ir nuestro sector, y diría que hasta la vida en general.

Después tocaba comer, claro.

Otra vez todos juntos, por supuesto. Ca’l Xabú nos deleitó con uno de esos platos asturianos pero de otro nivel, una buena fabada asturiana. 🤩

Entre charla y charla también compartimos side projects en los que hemos exprimido la IA durante el último año. Marc me enseñó una aplicación creada para un caso concreto (y hasta aquí puedo leer), pero con potencial para otros clientes. Elad, por su parte, me mostró una herramienta que está desarrollando con IA mediante la voz. En solo 33 días ya había conseguido un resultado increíble, pensado para facilitar a su equipo y a sus clientes la gestión del contenido de sus webs.

Charlando con Elad, volví a plantearme el uso de la IA por voz. Siempre me había preocupado que mi voz quedara grabada y procesada, pero es una forma rápida y natural de ordenar ideas y buscar soluciones. No ha eliminado todas mis dudas, pero sí me ha hecho ver su utilidad.

Y entre todo eso aparece lo que sostiene Subflash, que son las comidas, sobremesas y conversaciones que empiezan con tecnología y terminan hablando de la vida.

La tarde del sábado también dejó varios momentos para recordar. El primero llegó con Ramón y su taller «CTRL + ALT + AOVE: una experiencia sensorial de cata de aceites de oliva virgen extra» en el que nos habló brevemente del origen del aceite de oliva, de su historia y de cómo ha llegado a convertirse en una parte esencial de nuestra cultura y gastronomía. Después catamos tres aceites y aprendimos a reconocer sus diferencias, una buena forma de abrirnos los ojos ante el productazo que tenemos. 🫒

Acto seguido, el equipo de Ca’l Xabú nos ofreció una cata de sidra. Probamos desde variedades industriales hasta las que elaboran ellos mismos y, después de enseñarnos a escanciar, nos tocó intentarlo. Acabamos en la entrada del hotel, botella y vaso en mano, procurando que la sidra no terminara en el suelo.

Hay que hacer una mención especial a Ca’l Xabú. Germán, Nerea y todo el equipo nos trataron con un cariño y un saber hacer increíbles. El nivel fue de excelencia absoluta. Y la comida fue espectacular en cada desayuno, comida y cena. 👏🏻

El sábado por la noche cenamos cachopo y un pastel de queso con crumble de manzana que era difícil de olvidar.

Esa noche tuvo además un momento especial: Subflash celebraba su vigésima edición. Aprovecharon el pastel de queso para sacar unas velas con el número 20, apagar las luces y cantarle el cumpleaños feliz al evento. Una de esas cosas que, vistas desde fuera, pueden parecer pequeñas, pero allí tuvieron todo el sentido. 🎉

Después ya fue la noche de hablar entre nosotros y compartir momentos y charlas interesantes. Y hablando con Iván también me llevé un consejo muy concreto: si alguna vez necesito arreglar el suelo del garaje, mejor que no se lo pida a él. No voy a entrar en detalles 😂

Domingo: seguir conversando, despedirse y volver a casa

El domingo volvimos a desayunar todos juntos. Ese último desayuno tiene algo especial: todavía queda jornada por delante, pero ya empiezas a ser consciente de que el fin de semana se está terminando.

La mesa redonda de Iván puso el cierre a las charlas hablando del futuro de las profesiones digitales en tiempos de IA. Compartimos cambios que ya están ocurriendo en las empresas, trabajos que se están transformando y procesos que ahora avanzan mucho más rápido. Fue una conversación muy participativa. De esas que te obligan a mirarte y plantearte cosas en las que todavía no habías pensado.

Después de la última charla, muchos bajamos al pueblo para llevarnos un souvenir comestible: embutidos y quesos de los que habíamos probado esos días. 🧀

Después llegó la comida de despedida, con arroz con pitu, típico de la zona, y una torrija con helado espectacular. Y, poco a poco, tocó recoger, hacer maletas, cargar el coche y despedirse uno a uno.

Foto de Paco Moreno

La vuelta fueron otras tantas horas para seguir comentando todo lo vivido, hablar de las historias de cada uno, imaginar el Subflash del año siguiente y volver a casa con la sensación de haber aprovechado muchísimo el fin de semana. El cansancio del viaje no apareció hasta el día siguiente, eso es verdad, pero era de ese cansancio, del bueno.


¿Qué es Subflash? 🤔

Es difícil explicar qué es Subflash a alguien que no lo ha vivido. Podría decir que es un evento veterano de la comunidad web, que hay charlas sobre diseño, desarrollo e inteligencia artificial, que se celebra cada año en un lugar distinto y que reúne a gente de muchos puntos de España. Todo eso es verdad, pero no llega a contar lo importante.

Subflash es llegar después de muchas horas de viaje y sentir que no has llegado a un evento al uso, sino a un sitio donde encajas. Es cenar con gente a la que ves una vez al año (con suerte a veces más) y retomar la conversación como si no hubiera pasado el tiempo. Es sentarte en cada comida junto a alguien distinto y acabar hablando no solo de tecnología, sino de trabajo, de decisiones personales, de momentos de vida, de planes y de dudas.

Es un lugar donde nadie está para juzgarte. La gente escucha, se deja escuchar y comparte. Donde una charla puede terminar convertida en un debate de todos y una sobremesa puede acabar siendo tan valiosa como cualquier ponencia.

Por eso es difícil explicarlo: Subflash no es solamente lo que ocurre durante las charlas. Es la convivencia, el ambiente, las conversaciones inesperadas y esa sensación de aceptación que se mantiene desde que llegas hasta que vuelves a casa. Son tres días que te dejan cansado, sí, pero también con la energía de haber compartido algo que va bastante más allá.

Ahora toca aguantar un año hasta el próximo Subflash, porque por lo visto ocho horas de coche, dormir poco y regresar hecho una mierda es exactamente mi idea de pasarlo bien 😁.

Y para cerrar, el Sipi de la suerte, si has llegado hasta aquí, que nunca te falten una buena historia, una mesa compartida y alguien como él para hacerlas inolvidables. ❤️

Montaje de Ivan Gajete 😂

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